Relato literario
¡Mira nuestro relato!
Andy era un niño que vivía en una familia feliz. En su cumpleaños, sus padres le llevaron a la juguetería para que eligiera su regalo.
Le encantaban los soldados y los militares, así que fue directo a buscar figuras de acción de este estilo. Se fijó en una del Capitán América, pero no le convenció. También vio unos muñecos inspirados en Call of Duty, pero tampoco le interesó, ya que nunca había jugado a ese juego por su edad. Por fin encontró el regalo perfecto: 25 soldados de plomo en una pequeña caja.
- ¡Quiero que estos soldados sean mi regalo!
Pronto, Andy se dio cuenta de algo:
- ¡Uy! A uno de los soldaditos le falta una pierna. - Aunque a él no le importaba y ese soldado cojo le gustaba tanto como los demás.
Como todos los juguetes, estos estaban vivos, aunque fingieran no estarlo cuando sus dueños no estaban cerca. Nuestro Soldadito cojo conoció en su primera noche a muchos juguetes:
- Hola, forastero, me llamo Woody. - Se presentó un vaquero.
- Cuidado Woody, ese soldado no me da buena espina. - Dijo una Caja de sorpresas.
De pronto el corazón del Soldadito se detuvo. Comenzó a escuchar una bella composición llamada Paso de Dos del Cisne Negro y sus ojos solo podían fijarse en la bella bailarina de juguete que se sostenia con una sola pierna, lo que le recordó a él. El soldadito se enamoró de aquella bailarina al instante.
- Es bellísima. - Pensó el Soldadito al instante.
Sin embargo, no todo era tan bonito, pues la Caja de sorpresas no le estaba haciendo la vida fácil al Soldadito de Plomo. Al principio solo se metía con él, pero una vez, aprovechó que Andy se lo había dejado al lado de la ventana, para empujarlo a la calle.
- ¡Así aprenderás, Soldado Cojo! - Gritó la Caja de sorpresas.
El Soldadito estaba asustado, pues no sabía como volver, y si no lo hacía, no podría declararle su amor a la bailarina.
Pronto, dos niños aparecieron y pensaron que sería una buena idea hacer que navegase en unos canales de agua que la lluvia había formado, así que le fabricaron un barco de papel y lo enviaron calle abajo. Mientras navegaba intentando controlar el barco como podía, se encontró otro barco, este era pirata.
- Soy el Capitán Sparrow - Gritó el pirata, - ¿Tienes algún botín que pueda saquear en ese barco de papel?
- No, tan solo estoy perdido. - El Soldadito respondió.
Sparrow, al darse cuenta del poco valor que tenía el barco de papel farfulló:
- ¡Bah! No me interesas. - Y se marchó.
De pronto, mientras seguía callejeando por su barco, de una alcantarilla apareció un terrorífico payaso con un globo en la mano.
- ¿Quieres jugar? - Preguntó el payaso.
El Soldadito, se dio un susto tan grande que perdió el control de su barco y se coló en la alcantarilla, cayendo por ella como si fuera una cascada.
- Bienvenido, ¿eres nuevo por aquí? - Le preguntaron al Soldadito cuatro tortugas con antifaces de colores.
El Soldadito pensó en pedirles ayuda para salir, pero de pronto su barco chocó contra un enorme bloque de hielo y se hundió. El soldadito siguió buceando y se encontró a un pez payaso.
- ¿Has visto a mi hijo Nemo? No sé donde está...
- No, lo siento. - Respondió El Soldadito y continuó nadando.
En cuestión de segundos, se encontró de frente un enorme pez que le engulló. Dentro estaba muy oscuro, pero El Soldadito escuchó unas voces:
- Vamos Pinocho, el pez va a estornudar, aprovechemos para salir.
El Soldadito intentó pedir ayuda, pero vió como Pinocho y su padre salieron disparados fuera del pez sin que le escuchasen. Ya no sabía qué hacer, no tenía esperanza y solo podía pensar en la hermosa bailarina…
El Soldadito escuchaba como el pez nadaba y nadaba y se dio cuenta de que acabó en el océano. Una mañana, el Soldadito despertó gracias a un gran rayo de luz, lo cual le extrañó porque no había visto nada de luz desde que estaba dentro del pez. Entonces una voz le sonó familiar:
- ¡Mi Soldado!
Era Andy. Su familia había comprado ese pez para comer y se encontraron al Soldadito dentro.
Una vez en casa, El Soldadito le declaró su amor a la Bailarina, y ella, felizmente confesó que también estaba enamorada de él. Por desgracia, su historia de amor no duraría mucho más, ya que una ráfaga de viento los levantó y cayeron en la chimenea encendida.
Pero ellos estaban felices, porque por fin estaban juntos. Entre las cenizas de la chimenea, de ellos solo quedó un corazón de plomo, y una flor rosa.