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miércoles, 26 de octubre de 2022

EMemoria, 8Sirenita, IXMolina, Paula Salinas, Paula Baeza,Celia López

 Memoria

CRelato, 8Sirenita, IXMolina, Paula Salinas, Paula Baeza, Celia López.

 “La sirena que no encontraba el Sol.


Había una vez, en lo más profundo del océano Índico, una dulce sirena llamada Kaliope. Era tan bella que Victor Nizovstev se inspiró en sirenas como ella para realizar sus pinturas, salvo que su cabello no era rojo, sino de un tono negro intenso que resplandecía brillante cuando la luz iluminaba las miles de perlas blancas que  lo adornaban. 


Tal y como su prima la sirenita danesa, Kaliope destacaba entre las sirenas por su inteligencia y su valentía, siempre dispuesta a vivir nuevas aventuras y a descubrir aquellas cosas del fondo marino que el resto de  su clan decidía ignorar por completo. 


Además de ello, era una maravillosa artista. A Kaliope siempre le habían llamado la atención los colores del océano; desde pequeña, le apasionaba nadar por las profundidades para encontrar nuevas tonalidades. Con el paso del tiempo encontró su vocación y dedicó todo su tiempo y esfuerzo en dar color a los miles de corales de los preciosos arrecifes que  formaban su querido hogar.  


Una mañana, tras tomar unas cuantas burbujas de café, Kaliope tomó todas sus pinturas y puso rumbo a llenar de color un arrecife cercano que había encontrado unos cuantos días atrás. 


Cuando llegó al lugar, se extrañó al no ver a los miles de peces, las grandes medusas y los revoltosos cangrejos que la saludaban contentos cuando la veían llegar nadando. 


Sin embargo, no le dió mucha importancia, ya que estaba tan ilusionada por pintar los nuevos corales, que no podía perder ni un solo segundo. 


Kaliope empapó sus manos en pintura y comenzó a acariciar suavemente los corales para darles esos preciosos tonos que los llenaban de vida. Pero, para su sorpresa, los corales continuaban apagados,  luciendo un tono gris oscuro que le recordaba a las profundidades más escalofriantes de las fosas marinas. 


Sorprendida y asustada, la jóven sirena comenzó a mirar muy preocupada a su alrededor. Las perlas de su pelo ya no brillaban en su melena y las rojas escamas de su cola tampoco centelleaban en el agua. Atónita, reparó en que la luz había desaparecido por completo. ¿Acaso se habría apagado el radiante sol?


Sin pensárselo dos veces, Kaliope comenzó a nadar velozmente hacia la superficie. Kaliope había oído muchas veces sobre la superficie en la canción “Bajo el mar” ya que su  familia se la solía poner a las sirenas pequeñas para que no tuvieran la tentación de ir a la superficie pero, aunque sabía que era peligroso, la jóven necesitaba comprobar que había sucedido con la luz. Sin los cálidos rayos del sol no había colores, ni brillo, tampoco había peces ni algas y toda la vida del mar comenzaría a desvanecerse poco a poco en la oscuridad. 


Cuando por fin alcanzó la superficie, la sirena sacó su cabeza fuera del agua y horrorizada comenzó a ver una enorme capa de plásticos que cubría el mar hasta donde su vista podía alcanzar. Miles de botellas, tapones y otros plásticos, tejían una red de basura que impedía que la luz llegará hasta el fondo del mar. 


Kaliope se abrumó. No entendía muy bien de dónde había salido toda aquella cantidad de basura y tampoco sabía muy bien que hacer para solucionarlo. Intentó hacer huecos entre los plásticos para que pudiera entrar la luz pero sus esfuerzos fueron en vano. Ella era fuerte y nunca se rendía, pero aquella situación pudo con ella.


Sin apenas una gota de luz, las algas comenzaron a dejar de producir el rico oxígeno que les permitía respirar a todos y, tras unos pocos días, todos los animales y las sirenas habían comenzado a marcharse. Kaliope se vería obligada a abandonar su tan querido hogar. 


Finalmente llegó el día de irse, pero antes decidió volver al arrecife para recordar los bellos momentos que había pasado allí. Se tumbó en el fondo del mar y comenzó a mirar hacia la superficie. Siempre le había fascinado observar la fina capa de agua que separaba el salvaje océano del inmenso cielo y, ahora, solo veía oscuridad.


Pero, ¡de repente!, un fino rayo de luz iluminó un diminuto coral a su lado. En contacto con la luz, el coral comenzó a recuperar su precioso color rosa. Kaliope no podía creer lo que estaba viendo. Una felicidad inmensa recorrió todo su cuerpo. 


De nuevo en la superficie, Kaliope observó agradecida como un inmenso barco verde comenzaba a retirar montones y montones de plástico. Una bandera donde se distinguían las letras “Ocean Cleanup” ondeaba en lo más alto del barco. Las personas y Kaliope no hablaban el mismo idioma pero, a modo de agradecimiento, Kaliope comenzó a saltar dentro y fuera del agua con una sonrisa enorme. Los humanos no la temían pues Kaliope no usaba su dulce voz para llevarlos al fondo del mar, simplemente les daba las gracias por salvar su hogar. 


La escena era memorable, Kaliope cantaba, reía y aplaudía junto a los delfines que comenzaban a regresar a casa junto a ella. Los humanos, al verla, aplaudían y lloraban de felicidad al ver que todo el trabajo que realizaban tenía su recompensa. 


Ya en su hogar, Kaliope reflexionó: “Hay muchos humanos que ensucian el planeta y contaminan los mares y eso me pone triste, sin embargo, por cada humano que arroja un plástico al mar, hay miles que se lanzarían sin dudar a recogerlo”. El mundo es bello, el océano es libre y salvaje, cuidemos de él y él cuidará de nosotros. 


Tras ello, una bella escultura parecida a Kaliope luce a los pies del puerto de Dinamarca para concienciar a los humanos que cuiden y protejan los mares, porque, aunque muchos no lo crean, hay miles de sirenas en los fondos de los mares que no están dispuestas a perder su hogar. 


CRelato, 1Blancanieves, VMiras, AlanPalomaresIllan, SandraJuanJosa, JulietaSilvestri, AmableGrauAracil, DavidFernandezCarrillo,

  RELATO LITERARIO: Entre acero y nieve Te lo contaré solo una vez, así que presta atención, pues juré ante mi maestro que nunca revelaría  ...