miércoles, 26 de octubre de 2022

CRelato 10HanselyGretel VIIIOMartínez Daniel Causera, Rubén Navarro, David Martínez, Paqui Bas, Juan Carlos

 Érase una vez dos hermanos llamados Hansel y Gretel. Ambos se criaron en una familia muy pobre, tan pobre que incluso fueron abandonados en mitad del bosque cuando apenas eran unos niños. La tragedia de su  infancia no quedó ahí, pues fueron secuestrados por una bruja llamada Baba Yagá, una anciana arrugada que habitaba en lo más profundo del tétrico bosque. La bruja se dedicaba a engañar a todo niño que osara perderse por las inmediaciones de su perímetro, ya que vivía en una atractiva choza construida por todo tipo de dulces. Los hermanos se las ingeniaron para escapar y volver a casa, donde, tras fallecer su madrastra, siguieron viviendo con su padre. 

Unos meses más tarde, recibieron una misteriosa visita. Se trataba de un enorme dragón dorado que se hacía llamar Kai.

Este les contó que provenía de un valle lejano repleto de lobos, donde se alzaba una torre. Pero no una torre cualquiera, se trataba de una escuela de magia. Allí, el dragón vivía con una poderosa hechicera llamada Dana, encargada de dirigir la escuela e instruir a sus alumnos.

Hansel y Gretel, extrañados, preguntaron qué pintaban ellos en todo esto, ya que simplemente eran una humilde familia.

Kai sonrió, y explicó que en la escuela no solo enseñaban magia, sino que también trataban de exterminar a aquellas brujas que practicaban el mal. Casualmente, hacía mucho tiempo que andaban detrás de Baba Yagá, hasta que a La Torre llegó la noticia de que unos hermanos lograron librarse de ella con astucia. 


- Y por eso estoy aquí. - Continuó Kai. - Quiero recompensaros por vuestra hazaña invitándoos a la Torre, donde aprenderéis el arte de la magia y nunca os faltará de nada.


Tras unos minutos de reflexión, los hermanos aceptaron la oferta, y a su padre no le quedó más remedio que dejarles marchar. Se despidieron de él y montaron sobre el escamoso lomo de Kai, que en un abrir y cerrar de ojos, alzó el vuelo.

Sobrevolaron el reino durante un par de horas, que Hansel y Gretel apenas notaron ya que se asombraron con los bellos paisajes que se vislumbraban desde las alturas


En cuanto llegaron a la Torre, fueron recibidos por Dana, su directora, además del resto de habitantes. Entre ellos se encontraban dos hermanos de prácticamente la misma edad que Hansel y Gretel, y otros dos hermanos, estos segundos ya entrados en la adultez. 

Los primeros se llamaban Claus y Lucas, y estudiaban allí desde hace casi un año, cuando Kai los rescató de una región del este asediada por la guerra. Claus y Lucas se las apañaron para sobrevivir el uno con el otro tras perder a su familia, gracias a su gran inteligencia.

Hansel y Gretel se sintieron muy identificados con ellos, y con todas las desgracias que habían tenido que vivir.

Por otro lado, los otros hermanos se llamaban Abel y Caín, que no eran alumnos, sino que se dedicaban a la ganadería y el pastoreo, y al cultivo respectivamente, además de hacerse cargo del mantenimiento de la Torre, limpiar y cocinar para todos.

Abel, que era el menor, tenía un rostro alegre y risueño, mientras que Caín se mostraba siempre serio.


Pronto se hizo de noche, y durante la cena no dejaron de charlar  con todos, queriendo conocer más y más sobre la nueva vida que les deparaba.


-Yo no tengo hermanos. - Dijo Dana. - Aunque Kai es como si lo fuera, ya que siempre me ha acompañado.

-El dragón, que asomaba la cabeza por el ventanal, se sonrojó.


Pasaron unos meses y Hansel y Gretel, fruto de su esfuerzo, ya eran unos magos hechos y derechos. Gretel resultó ser mucho más brillante que su hermano, llegando al nivel de Claus y Lucas en un periodo muy corto.

Un día, Dana quiso encomendarles un asunto muy importante, ya que Claus y Lucas partieron hace dos semanas y aún no habían vuelto. Estos fueron en busca de una bruja que había robado la mismísima pluma con la que Victor Hugo escribió “Los Miserables” y de la cual se rumoreaba que podía escribir el destino.

Dana les pidió encontrarles y traerles de vuelta, ya que aunque confiaba en ellos, estaba preocupada.

Hansel y Gretel se asustaron un poco, pues todavía no se habían alejado de la Torre por su cuenta, ni mucho menos afrontado una petición de tal responsabilidad. Aún así, sedientos de acción, se prepararon de inmediato.

Cruzaron el mar en barco, que pertenecía a un marinero llamado Ulises, conocido por llevar navegando sin pausa más de 10 años. Este era un viejo conocido de Dana y se ofreció para transportarlos, ya que esta vez era una distancia demasiado larga para las alas de Kai.

A los dos días llegaron a las coordenadas que Dana les había facilitado, y se encontraron en un islote no muy grande, pero no había rastro ni de Claus, ni de Lucas, ni de la bruja, ni de la pluma.

Los hermanos, desconcertados, dieron vueltas por la isla hasta que se percataron de que había un pozo en el cual no se podía ver el fondo.

Hansel y Gretel utilizaron el conjuro de levitación y se metieron en el pozo, que recorrieron hasta lo más profundo. 

De repente, se encontraron en una cueva  con una choza solitaria que les resultaba muy familiar… Estaba hecha de golosinas.

Hansel y Gretel se pusieron en guardia, y alguien abrió la puerta.

Sin poder reaccionar, unos grilletes se materializaron en manos y piernas de los hermanos, dejándolos inmóviles.


- Adelante niños, ¿no queréis salvar a vuestros amigos? Llevan mucho tiempo esperándoos. - Era Baba Yagá, que mantenía una pluma hermosa entre sus dedos arraigados.


Hansel y Gretel estaban incrédulos, ¿ cómo podía estar viva, si ellos mismos la vieron arder? Entretanto, se encontraron apresados, junto a sus amigos Claus y Lucas, que miraban semiconscientes como Hansel y Gretel corrían la misma suerte que ellos.


Baba Yagá comenzó a explicar:

- Al fin os tengo aquí conmigo, a los cuatro, y por fin podré comeros como tiernos cochinillos. ¿A qué vienen esas caras, os sorprende verme? Já, alguien robó la pluma por mí, y reescribió mi destino, así que aquello que me hicisteis, nunca sucedió. Ahora borraré vuestros nombres del destino para que nadie se acuerde de vosotros, Nadie vendrá a por vosotros, porque vais a dejar de existir. Sólo con decir vuestros nombres la pluma se encargará de haceros desaparecer.

-Espera bruja. - dijo Hansel. - Al menos déjanos saber quién robó la pluma para ti. total, ya no podemos hacer nada.

-Ji, ji ,ji, ji… Fue… Caín.


La pluma escribió el nombre que escuchó y…¡PUFF! La bruja se desvaneció, al igual que la casa de golosinas, y una corriente de aire púrpura impulsó a los 4 amigos fuera del pozo.

Se pusieron muy contentos, ya que la estrategia de Hansel había funcionado y la bruja cayó en la trampa. Borró el nombre de Caín, y con él, sus actos. Por lo tanto, nunca robó la pluma, y Baba Yagá nunca volvió. Aún tenían mucho que explicar en la Torre.


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


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