Esta es la historia de Andrés, que era un niño huérfano (1) que estaba en un centro de acogida, esperando a que alguna familia le quisiera adoptar.
Andrés era un niño feliz. En el orfanato tenían un gatito muy peludo al que llamó Garfield (2), además había muchos niños con los que podía pasarse el día jugando.
Lo que más le gustaba a Andrés era ver películas. Su película favorita era Pinocho(3) porque, al igual que él, era un niño. Envidiaba mucho que tuviera un padre que le quisiera, es más, todas las semanas veía la película una o dos veces. Aunque a sus compañeros no les gustaba tanto, la tenían que ver porque a él le hacía mucha ilusión, aunque es cierto que a veces convencían a Andrés y veían otras pelis, como Ratatouille (4) o Shrek (5). Esta última era la peli favorita de sus compañeros porque les hacía mucho gracia el gato con botas (6), ya que les recordaba a su gatito Garfield cuando en la peli se ponía a llorar (7) cuando no tenía comida, que era lo mismo que hacía Garfield.
Sus días en el orfanato eran de lo más normal. Cada mañana iba a clase; la asignatura que más le costaba era Matemáticas pero en Lengua era de los más aventajados, ya que le gustaba mucho la literatura, especialmente la relacionada con el amor, como en la Celestina (8), o cuando abordaba temas como la vida con otros hermanos, como en los Tres cerditos (9) y las aventuras como en los Tres mosqueteros (10). Siempre decía que le gustaría poder vivir aventuras con unos posibles hermanos.
Un martes cualquiera, Andrés se levantó y fue a desayunar con los demás compañeros. Vieron Tom y Jerry (11) y luego en clase de Audiovisuales vieron Stuart Little (12). Aparentemente era un día normal para nuestro protagonista, o eso pensaba él, ya que no podía imaginarse que ese sería su último día en aquel orfanato porque ese mismo día iba a ir a visitarlos una familia que finalmente lo adoptaría.
Sobre la hora de la merienda llamaron a los niños para que se arreglaran porque venía una visita para llevarse a uno de ellos a formar una familia. Andrés se puso sus mejores galas, se peinó, se puso su camisa favorita y se echó la mejor de sus colonias, la de Robin Hood (13), su favorita.
Bajaron todos los compañeros al salón de actos. Una vez allí, la familia se presentó y se acercó a varios niños, pero conforme vieron a Andrés, lo tuvieron claro, querían que él fuera su hijo.
Andrés no se lo podía creer, pensaba que estaba en el cuento de la Cenicienta (14), ¿cómo podía ser él el elegido?
No tardó en recoger las cosas: hizo la maleta y se fue con sus nuevos padres adoptivos, no sin antes despedirse de todos sus amigos y compañeros, de los profesores y de su gato Garfield(15), al cual le dedicó un poema aún sabiendo que no lo iba a poder leer pero pidió a sus compañeros que, al menos una vez a la semana, se lo leyeran para que así se siguiera acordando de él.
Se montó en el coche, conoció a sus nuevos padres, empezaron a hablar con Someone like you (16) de fondo. Así empezó su nueva vida, su vida con su
familia.
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