En un pequeño pueblo de Alicante, del cual nadie conoce su nombre, vivía Blanca, una niña de apenas 12 años que soñaba con ser futbolista. Todas las mañanas se miraba en un gran espejo que tenía en casa y se imaginaba vestida con la equipación de su equipo favorito, El Elche quedándose hipnotizada como le pasaba a Ovidio en el Mito de Narciso.
Blanca y su abuelo Ramón, eran fanáticos de este equipo, pues no se perdían ni un solo partido y aprovechaban cada oportunidad que tenían para verlos jugar. Este sueño no era apoyado por su familia, pues su Madre Carla y su Madrastra Esther, le decían que el fútbol solo era para chicos y no para una niña como ella.
Ella no conforme con la idea de no jugar al fúltbol, entrenaba a escondidas todas las tardes en el equipo de su pueblo. En casa se sentía muy sola a pesar de tener 7 hermanos, ya que estos trabajaban para ayudar a mantener la gran familia y además, ninguno le apoyaba en su sueño de ser futbolista y se burlaban de ella cada vez que se ponía la camiseta de la equipación.
Su único apoyo era su abuelo Ramón, al cual le hacía muy feliz, que su nieta fuera una gran futbolista.Su abuelo iba a todos los entrenamientos que Blanca tenía y antes de entrenar siempre le hacía una bonita trenza con su peine de oro, el cual en vez de ser un objeto envenenado y maligno como en Blancanieves, le había dado suerte toda su vida, ese era su pequeño secreto.
Ramón sentía que Blanca había nacido para eso y no podía dejar desperdiciar ese talento, por lo que movió cielo y tierra hasta conseguir que un ojeador del equipo juvenil del Elche femenino asistiera a un entrenamiento para verla jugar. Este quedó fascinado por el gran talento que ella tenía y le ofreció una prueba allí en Elche.Blanca no podía con la emoción, nunca había sido tan feliz, y se fue a casa corriendo para contarles a todos lo que había pasado. Al llegar a casa se sintió muy triste, pues recordó que no podía contar ese secreto, sino sus mamás no le dejarían jamás ir a hacer esa importante prueba.
Blanca y su abuelo estuvieron toda la semana pensando qué podían hacer para poder ir a Elche sin que Carla y Esther lo impidieran. Hasta que dieron con la solución, pues les dijeron que se iban a Disneyland a pasar el fin de semana, regalo que su abuelo le había hecho por su cumpleaños, que era al mes siguiente.
Llegó el gran día, estaban ilusionados, felices, no podían creer que todo lo que habían soñado y luchado, estuviera a punto de dar sus frutos. ¡Blanca estaba de los nervios! Apenas había dormido toda la noche. No paraba de pensar en la ilusión que le hubiera hecho que sus mamás estuvieran allí apoyándola y no podía evitar sentirse triste.
- Blanca ¿estás lista?, le dijo su abuelo Ramón.
- Si abuelo, vamos. - Respondió Blanca.
- Toma, cómete una manzana, cogerás fuerzas para la prueba.
Una vez allí, comenzaron las pruebas de captación. El abuelo emocionado animaba a Blanca sin parar y el entrenador estaba muy sorprendido del gran talento que ella tenía.
- No podemos desperdiciar esta oportunidad, necesitamos a blanca en nuestro equipo. - Dijo el entrenador.
Blanca no podía creérselo ¡Por fin se iba a cumplir su gran sueño!
Ella y su abuelo, regresaron a casa y ahora tenían que enfrentarse a una prueba mucho mayor ¡Contarle a su familia todo lo que había pasado! Estaban nerviosos, tenían miedo, no sabían cómo iban a reaccionar. ¿Y si no lo aceptaban? ¿Y si le prohibía aceptar esa oferta? Blanca no podía hacerse a la idea. Su abuelo cogió fuerzas para contarlo y les hizo entender a Carla y Esther, que tenían que apoyar a su hija en las decisiones que a ella le hiciera feliz.
Fue entonces cuando Blanca empezó a llorar, no podía parar, estaba destrozada, debería haberlo contado desde el principio. Carla le cogió las manos a su hija y le dijo: - Te apoyaré siempre en cada paso que des, pero me tienes que prometer dos cosas. Una, que nunca más volverás a mentirnos y dos que nunca dejarás los estudios de lado. Nosotras estamos para apoyarte en cada paso que des. Todos se dieron un abrazo, y desde ese momento sus mamás no se perdieron ni un solo entrenamiento.
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