Érase una vez un hombre llamado Barba Azul al que todo el mundo temía por el color de su barba. Había heredado de su familia muchas riquezas de las que no disfrutaba ya que siempre se encontraba triste y solo. Un día, se le ocurrió que tal vez, si encontrara a una mujer que lo quisiera, podría compartir todo su tiempo y sus bienes.
Comenzó a preguntar día y noche a las madres de las jovencitas que estaban solteras, pero por su horrible aspecto, ninguna aceptaba. En su último intento, pasó por una casa en la que vivían dos jóvenes hermosas y su madre. La madre propuso a Barba Azul que si pasaba una prueba de amor verdadero éste podría casarse con su hija menor. Y por supuesto él, aceptó. Aunque a ella nadie le preguntó lo que realmente quería…
Unos días más tarde, la madre y la hermana mayor llamaron a la puerta del enorme castillo de Barba Azul, quedándose asombradas por la grandeza y las decoraciones de gran valor.
- Hola, buenos días, la prueba ha comenzado. Hace unos días mi querida hija ya no duerme en nuestra casa. Tendrás que ir a buscarla y traerla de vuelta a su hogar con vida. -dijo la madre.
- De acuerdo, señora. Saldré ya mismo. -respondió él.
Tras dos días de búsqueda, Barba Azul encontró una pequeña cabaña en la que había luz y se podía oler una comida maravillosamente apetecible. Llamó a la puerta y le abrió la joven que estaba buscando. A lo que Barba Azul comentó:
- Vamos, te llevaré de vuelta con tu madre.
Ella, con cara de no saber qué decir, le contestó algo que le dejó helado:
- Barba Azul, a mí nadie me ha preguntado lo que quiero. Ya tengo una edad y me gustaría vivir sola, independizarme de mi familia. Siempre se preocupan por mí pero no piensan en lo que yo quiero. No quiero depender de ningún hombre, ni quiero casarme contigo, ni con nadie. O por lo menos hasta que no esté enamorada.
Barba Azul la entendió perfectamente, él realmente tampoco quería casarse. Sólo quería compartir su tiempo con alguien y no estar tan solo por su aspecto. Así que le propuso la idea 12 de que fuera a vivir con él al castillo. Allí había una habitación enorme que tenía el tamaño de una casa, y ella aceptó ya que vio que tras aquel aspecto horrible se escondía un gran corazón.
Cuando la joven y Barba Azul ya estaban instalados y después de compartir momentos de risas y mucha diversión, invitaron a la madre, la hermana mayor y los hermanos al castillo.
Todos quedaron sorprendidos por la química que había entre ellos, lo que no sabían es que simplemente eran amigos y claro que se querían, pero de otra manera, aunque también de una forma muy especial. Y así fue como, ambos compartieron su vida sin depender el uno del otro y la familia quedó feliz, aunque sin saber qué secreto escondía aquella enorme habitación y esa llave que acompañaba a su hija allá donde fuera.
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