miércoles, 26 de octubre de 2022

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2. Relato 

El invierno estaba cada vez más cerca y al pato Max solo le quedaba una opción: buscar un lugar más cálido donde poder ser feliz y garantizar su seguridad. Sentía mucho aprecio por aquel lugar donde vivía entonces, pero Max nunca conseguía encontrar un paraje que lo sintiese como un hogar. Además, no encontraba ningún animal que quisiera hacerle compañía ni ser su amigo, por lo que a la mañana siguiente, justo cuando el sol comenzaba a asomar, Max comenzó su nueva andadura. 

En el comienzo de esta nueva etapa, a Max se le pasaban muchas preguntas por la cabeza: “¿Y si no encuentro comida para alimentarme?”, “¿algún animal se acercará a mí?”, ¿cuánto tardaré en encontrar un nuevo lugar donde vivir?”. Max no encontraba respuestas para todas estas dudas y un día, decidió pasar la noche en un pequeño lago. Aparentemente, no había muchos más animales y visualizó algunas plantas para comer, por lo que pensó que quedarse a dormir era una buena opción. Cuando la noche ya había caído y Max ya estaba dormido en un pequeño escondite, de repente escuchó… 

-¡Oye, tú! ¡Despierta pato grande! 

Entonces Max abrió los ojos y vio a un pequeño patito a su lado.

-¡Estás durmiendo en mi sitio!, dijo el patito.

-¿Y tú quién eres?, le preguntó Max.

-Yo soy Pipo, ¿y tú quién eres? Nunca te había visto por aquí.

-Soy Max, voy en busca de un hogar y cuando llegó la noche pensé que este era un buen sitio para descansar. Pero tú eres un patito muy pequeño, ¿qué haces por aquí tú solo?.

-Vivo aquí desde que nací. Mi familia me abandonó cuando me vieron por primera vez por ser diferente a los demás. Desde ese momento mis hermanos me apodaron como el Patito Feo.

-Pues yo te veo guapo. Además, si algo he aprendido en esta vida es dejar a un lado los comentarios de las personas que no me valoran. ¡Haz como yo, Pipo!. A mí Todo me da igual. Cuando amanezca, continuaré mi viaje, si quieres puedes venir conmigo o si no mañana nos despediremos hasta que nos volvamos a encontrar.

A la mañana siguiente, el patito Pipo estaba preparado para acompañar a Max en su aventura, pues pensó que no tenía nada que perder. Y en este momento, empezó una gran amistad entre los dos.

El viaje estaba siendo un poco largo, pero de repente un día vieron desde el cielo un gran lago rosa y el curioso de Max decidió que era una buena idea descubrir qué podrían encontrar allí. Al llegar se llevaron una gran sorpresa: ¡estaba repleto de cisnes!. Entonces, justo en ese momento escucharon:

-¿Quienes son estos forasteros? 

Los dos se giraron muy sorprendidos y vieron a una gallina.

-¿Quién eres tú? preguntaron Max y Pipo a la vez.

-¿Es que acaso no me conocéis? Soy la Gallinita Sabia, pero bueno, yo había preguntado primero.

-¿La Gallinita Sabia? No te conocemos. Nosotros somos Max y Pipo y estamos un poco perdidos.  

-Bienvenidos, habéis aterrizado en El lago de los Cisnes. Aquí vivimos los animales que no tenemos hogar. Yo soy la encargada de recibir a los nuevos integrantes y asegurarme de que cumplen la promesa.

-¿Qué promesa?, pregunta Max.

-La promesa del renacuajo, responde la Gallinita Sabia. 

En ese momento la Gallinita les explicó en qué consistía: si allí querían quedarse a vivir, las normas tendrían que seguir. Cada uno de ellos debía proponer una nueva norma y cumplir las que ya estaban establecidas. Pero esto a Max no le convenció, por lo que decidió continuar su viaje satisfecho de haber ayudado a Pipo a encontrar una familia en aquel lugar. En ese momento supo que aún le quedaban muchas más aventuras por vivir.

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